“Dar el paso es tomar un camino nuevo; es penetrar en un cierto orden diferente del orden común que aún no había sido abandonado (y aún no lo es); es, en una palabra, traspasar la frontera del mundo místico… Simplemente, se es apremiado a renunciar de una vez por todas a todos los intereses, a todas las voluntades propias; a realizar el sacrificio completo; a ponerse en una total desnudez espiritual. De esta pérdida de si mismo, no se ve, por un instante, más que el horror casi infinito; se duda ante el vacío horrible que se va a producir, pero no se imagina la plenitud que le debe seguir si se acepta, si se abandona, si se da el paso. Y solamente se experimenta que este drama íntimo es extremadamente serio, si se tiene la valentía de no retroceder; será tomada la palabra y uno se perderá totalmente…”
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Estas palabras están tomas literalmente de Alberto Hurtado (Jesuita chileno canonizado el año 2005) del libro que recopila sus escritos espirituales. Habla de la segunda conversión, de aquella que se presenta al creyente cuando se da cuenta que en definitiva, aún creyendo en Jesucristo y su Salvación, aún creyendo en el Espíritu Santo, ha mantenido lo más íntimo de su corazón lejos de su presencia Salvadora. El creyente se da cuenta que no conoce el toque del Espíritu, que no ha sucumbido en los brazos exitantes y apasionados del amado, que en realidad no siente temor de Dios. ¿Qué queda por lo tanto? "... el horror casi infinito..." de la fe, del amor, de la entrega absoluta en las manos del Padre como Cristo en la cruz. ¿Estamos dispuestos a "dar el paso"? Porque solos no podemos...
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