miércoles, 24 de junio de 2009

Fe y dolor

..............................................El dolor es la consecuencia del pecado.
..... ......... .. ....La Fe, consecuencia del amor misericordioso del Padre.

Algunas ideas expresadas, tal cual las ven, para que simplemente sean un elemento que inspire la oración y reflexión de cada cual:

1. El dolor, la angustia y en definitiva la muerte, son consecuencias del pecado (del pecado como mundo, todo aquello que aleja al hombre de Dios y lo encierra en si mismo).

2. Ciertamente estas situaciones que vivimos hacen tambalear nuestra fe, fe que de por si es un claroscuro. No es visión si no misterio. Certeza de lo que no se ve.

3. Dios aprovecha estas pruebas a la fe y facilita nuestro crecimiento.

4. Podemos sin embargo teorizar bastante sobre el tema, ver qué cosa es la fe, el dolor, etc. El asunto es que nuestro corazón ha quedado herido por diversidad de experiencias vividas a lo largo de nuestra existencia, van quedando rencores, odios... y según quien o quienes sean los destinatarios de ese rencor pasa lo siguiente: me enojo con los demás, conmigo o con Dios.

5. Qué hacer ante esto, porque sabemos que el rencor (aunque no lo reconozcamos) nos envenena y seca el corazón. Hay una palabrita bastante olvidada: perdón.

6. El perdón como acto de voluntad que mueve los afectos, da lugar a Dios para sanar esas heridas y capacitarnos nuevamente para recibir, acoger el amor de Dios manifestado en los demás. Los tres perdones que hay son: perdón al prójimo, perdón a uno mismo y perdón a Dios (esto porque muchas veces nos enojamos con él y lo hacemos responsable de muchas cosas, por eso nuestro corazón se enoja, se hiere y es preciso realizar el acto de perdón a Dios, somos nosotros los que lo necesitamos para dejarnos abrazar por Él una vez más).

7. ¿De dónde sacamos esto del perdón? Del ejemplo de Cristo (“perdónales porque no saben lo que hacen”, “perdonar hasta 70 veces 7”, etc.)

8. El perdón es siempre con Cristo, nuestro Señor y Dios, no hay que llegar donde el otro y decirle: “yo te perdono por lo que me hiciste” (eso se ve en mi trato con los demás), porque muy probablemente la persona que nos ha herido en algún momento (hermanos, padre, madre u otro) no se ha dado cuenta o no fue libre cuando lo hizo. No creemos otra herida por sanar la anterior. Una oración sencilla podría ser: “Señor Jesús, yo perdono a ‘fulano’ por hacerme ‘tal cosa’ (precisar la herida) y lo declaro libre e inocente ante ti”. Primero saldrá entre dientes pero irá bajando al corazón y es un modo de decirle al Señor: “perdóname por el rencor que he guardado por tanto tiempo, entra en este lugar al que no te dejaba pasar”.

9. “... Jesús es Dios como el Padre y Hombre como nosotros, incluso más pleno y humano que nosotros. Será en él donde podremos conocer verdaderamente a Dios y conocernos también a nosotros mismos, puesto que vivió todas nuestras experiencias (salvo que no pecó) y desde dentro de nuestra condición humana encontró caminos de vida, incluso en medio del dolor, del temor, la soledad, la angustia y la misma muerte...” (Cuadernillo de espiritualidad. CEI. Fe y dolor. Rodrigo García SJ).

10. Jesús nos hace cambiar radicalmente la imagen de Dios que muchas veces tenemos: El que castiga, el que nos prueba como si fuésemos ratas de laboratorio, el que da y quita caprichosamente... Desde esta visión de Dios vivimos temiendo la muerte y es este temor el que nos esclaviza; no vivimos de cara a la gratuidad del amor de Dios ni de cara a la resurrección de Cristo. Tememos que con la muerte todo acabe.

11. En el ambiente religioso de la época de Jesús se esperaba que Dios irrumpiera y juzgara a todos, salvara a los buenos y destruya a los pecadores. Jesús contradijo esas expectativas y enseñó la conversión a la bondad y amor gratis de Dios, que se daba sin reservas a todos, en especial a los pecadores, Él por propia iniciativa se acerca a nosotros, como un papá o una mamá buscan a sus hijos e hijas. Él se da, no nos da premios o castigos, él mismo se da, todo entero sin cobrarnos nada.

12. “... La muerte voluntaria de Jesús en la cruz y su resurrección para nuestro bien proclaman y realizan el advenimiento de la libertad del Hombre ante Dios. Podemos matar a Dios y Dios no nos va a matar, ni va a desconfiar de nosotros, ni va a retirar su decisión de darse por entero para que vivamos con dignidad, con más plenitud. Podemos mandar a Dios al infierno y desde el mismo infierno regresará Él a ofrecernos su amistad, podemos elegir el infierno y hasta el infierno irá a buscarnos. “Al abdicar de su poder, Dios revela que sólo es amor y amor que salva de la muerte”.

13. El proyecto de Dios para nosotros: Dar la vida. Ante el sufrimiento injusto de una persona inocente, como el de Jesús en la cruz, surge la pregunta: ¿Dónde está Dios? La respuesta cristiana será siempre: “en la cruz”.

14. En definitiva, en Jesús reconocemos la profunda fidelidad de Dios y el amor inconmensurable, inmarcesible (que no se marchita) de él por el hombre. Nos hace hijos, y ¿quién si su hijo le pide pan le da una piedra?, si ustedes que saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más vuestro padre que está en el cielo... bueno, él nos dio lo más preciado: su propio Hijo, Jesucristo.

15. Cristo solidariza, se hace igual en todo menos en el pecado, asume y redime nuestra humanidad herida por el pecado. Se abaja y eleva la condición humana.

Oración para la semana:
Leer todos los días el Salmo 136: Historia del amor de Dios en mi vida.


- Jesús salva. Tenemos la imperiosa necesidad de sanación, de que Cristo nos sane. Sabemos que en el bautismo hemos sido liberados del pecado; ya no tiene poder sobre nosotros, en Cristo salimos vencedores, pero quedan aún en nosotros, muchas veces, las raíces de esas faltas y eso explica un poco que sigamos cayendo.

- Nos esforzamos por cambiar, y una y otra vez nos encontramos fracasando... ¿hemos intentado alguna vez preguntarle a Dios cuál es la raíz de tal o cual pecado? Porque el Señor quiere ir al fondo de las cosas, a las causas hondas y a veces desconocidas para nosotros. No significa realizarse un psicoanálisis e ir sacando afuera todas las experiencias dolorosas o traumáticas que nos hacen reaccionar de diversas maneras, no... sino preguntarle a él, para que sea quien muestre en el momento oportuno, tiempo que él conoce, aquellas raíces que nos quitan libertad y nos alejan de él.

- En general es en la relación con los otros donde encontramos estas raíces (no sólo, pero en general sí), la relación con Dios, con quienes me rodean y conmigo mismo... Dios irá mostrando, si miro con verdad, en qué situaciones y a qué personas tengo que perdonar para darle lugar a Dios para que me sane y libere profundamente.

- Recordatorio: la oración es mirar a Dios, no nuestros problemas... claro que desea que se los entreguemos pero la oración es conversar con él y no con las dificultades.

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